Novelistas, poetas, ensayistas, escritores en todo el concepto inasible e inmenso de la creación, presentaron en la Sala del Sistema de Ediciones Territoriales los libros galardonados en distintas convocatorias del premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara y propuestos por el Sello Capiro durante esta 33 Edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana.
Deborah García anotó acerca de El libro de la paz y de la guerra, de Randoll Machado Hernández, en categoría infantil: "Los juegos infantiles antes de volverse virtuales solían ser juegos de guerra que seguían reglas de paz, jugaban bandos contrarios pero las balas no debían herir y nadie ni siquiera los prisioneros podían pasarla mal. Por eso, desde el título este libro, Randoll prueba cumplir con creces la regla de: escribe de lo que sabes, experto en juegos de barrio y comunicador con un gusto auténtico por el folclore de pandillas de chiquillos recorriendo, y refiere la aventura de la tarde y las vacaciones que se gana nuestras ganas y cautiva en esta zona de juego que ha elegido para nosotros".
"Las cosas de héroes en esta obra—continuó—se definen así: yo salvé a una mariposa atrapada en la corriente mientras llovía y voy a hacer cualquier cosa por salvarle a la gente su fantasía. Esa zona mágica en la que uno se adentra cuando lee el libro produce nostalgia, juegos que se juegan en todo el cuerpo, ternura por haber sido felices con tan poco y con tanto. Yo que conservo buena parte de la esperanza del nacer, no pierdo la fe de que los niños retornen a los juegos del barrio. No me engaño de que eso suceda, para rescatarlos de burbujas de virtualidad debemos jugar bien nuestras cartas. Y libros como este pueden ser excelentes cartas, memorias de felicidad únicas, puertas a la poesía como fuente de placer, para ofrecerles una literatura que no se queda en la distante demostración de sapiencias inalcanzables sino historias y versos a la mano, con hallazgos que el niño agradece y no olvida. Randoll sabe jugar y nos conquista con la sonoridad de sus décimas y otros metros, enlazados con hondura y gracia. Randoll ya ganó el juego y todos los que se acerquen acabarán siendo amigos".
A veces en esas zonas donde los niños son pocos es preciso permutar...Cuando sales a jugar termina siendo un monólogo entonces viene el psicólogo y te pone a dibujar.
‘Fatalismo geográfico’ de El libro de la paz y de la guerra
Crónicas del Barrio de Jorge Luis Medero, ‘Veleta’, fue reseñado por Idiel García, director de la Editorial Capiro: "Veleta vive en Santa Clara, por el Condado, y por este libro pasan todas las escenas del Condado. Hay textos demoledores con mucha esperanza detrás. Pasa el río, el barrio, la lluvia, la bolita, la vida santaclareña, la cotidianidad. Cualquiera que quiera acercarse fielmente a Santa Clara puede hacerlo leyendo este libro".
Apenas si resucita de su lento amanecer en mi barrio empieza a arder el juego de la bolita... Sordos y ciegos de olvido se aferran los soñadores a un juego de perdedores sólo por haber nacido... La esperanza que se obstina en desbancar la miseria.
‘La bolita’ de Crónicas del Barrio
Idiel García también reparó en el título La espuela de cristal, de Dariel Peña Prada: "Es un libro rítmico donde predomina el verso blanco, Dariel se afianza a una poética menos parecida a la producida por aquellos de su generación, que son más cercanos a lo experimental y el realismo sucio. Él tiende al clasicismo con un sentido de la musicalidad y la sutileza que nunca se va hacia las estridencias. El libro atraviesa gran parte de la poesía cubana y nos pone cara a cara con persona que uno es".
"Si no fuera la suerte de que a tiempo un buen acto aflorara en mis entrañas"
‘Condensaciones’ de La espuela de cristal
A la sazón, intervino Virgilio López Lemus, uno de los autores homenajeados en esta Feria, quien platicó de Palabras del Trasfondo, que constituye uno de los estudios más completos de la literatura cubana sobre un representativo movimiento de la poesía cubana: la corriente coloquialista: "Este libro tiene la peculiaridad de que es un libro virtual, un pdf interactivo. Es el mejor sobre la poesía coloquialista pues es el único que existe hasta ahora. En esta tirada añadí poetas que no había podido incluir en mi edición anterior, aclaré algunas zonas oscuras, eliminé erratas, y creo que ha quedado un proyecto mucho mejor. Este libro siempre me recuerda que uno nunca sabe a dónde va a parar su obra, o quién puede acabar leyéndola. La primera vez que fui a Francia di conferencias en la Sorbona, a teatro lleno, y estaba admirado, cuando comenzaron los aplausos un grupo de profesoras me dieron a firmar Palabras de trasfondo. Hoy, con medios cibernéticos, el libro puede llegar muy lejos. Un libro de pensamiento es para mover pensamiento".
Una historia viviente recorre las páginas de la obra de Alberto González Rivero. Acerca de Pintar un ángel negro, su autor compartió: "Este libro es el segundo de crónicas que presento a la Editorial Capiro y por eso ya contiene más experiencia, quizás la primera vez la tendencia sintética de la radio me influyó más. Yo actualmente vivo en Sagua, la casa natal de Onelio Jorge Cardoso, pero Sagua me huye por dentro y este libro es de muchos años e investigaciones de todos los personajes de mi pueblo. Por estas calles circundan personajes que no son tan prominentes como quizás fue Onelio o Lam, pues confluyen en este libro toda la aureola de personas que vemos por las calles y aparentemente no tienen historia. Pero hay historias que hay que inventar y la literatura tiene esa virtud de invención"
Lorca El inquietante, de Luis Machado de Ordetx, es un texto ensayístico, minucioso, acerca del periplo de poeta español por distintas localidades de Villa Clara, recreando lo que fue una presunta y poco documentada visita de Federico García Lorca a esa demarcación. Miguel A. Castiñeiras, editor de Capiro, desmembró sus búsquedas: "Hasta ahora no se había hecho una investigación tan profunda y detallada desde el lugar de los hechos, con una mixtura entre la crónica y el ensayo como Lorca El inquietante. Caibarién, Sagua la grande, Remedios, todos aquellos confines donde el granadino dejó una huella a veces efímera, a veces confusa, de un misterio hasta ahora no suficientemente retratado. Ordetx relata la inquietud que aún recorre a Cuba del sino del poeta errante. Su ensayo no es puramente reflexivo o historiográfico, sino que retoma también la narración y la recreación, con una prosa que, sin ser plana ni típicamente periodística, usando recursos enfáticos y de buen estilo, cuenta esta travesía, amparándose en una revisión bibliográfica que tiene un nutrido archivo. Es una revisión que permite desmentir algunas conjeturas de otros autores, poniendo en cuestión el testimonio de Lorca y su familia".
La intervención de Castiñeira se extendió a Estoy aquí, el primer libro de literatura para jóvenes del escritor Edelmis Anoceto: "En Estoy aquí encontramos una inteligente hibridez entre la narración y el relato, orgánicamente integradas. Una obra inclasificable entre la familia de géneros literarios. Puede asumirse como ensayo epistolar. Encontramos una constante reflexión literaria. Propone un ejercicio de pensamiento profundo, donde se muestra que la literatura es también una puerta que se abre a un universo fantástico y nada inmutable. También puede hacerse una lectura de Estoy aquí desde la narrativa de ficción, como una manera de extender al dominio de la narración aquellos pensamientos que podrían haberse generado en los territorios de la prosa reflexiva".
"Expandir los límites del ensayo y la narrativa —prosiguió—para encontrarse en un punto medio una profunda indagación a las verdades de la sociedad desde una prosa aparentemente comedida, pero cargada de sentimiento, con un tono didáctico, sin caer en didactismos ni ñoñerías. Estoy aquí, como todo libro dedicado hipotéticamente a los jóvenes, encontrará también en el adulto un lector reposado, más concienzudo. Difícilmente encontraremos un libro más adecuado para incentivar el pensamiento crítico en los jóvenes".
Al respecto, su autor, Edelmis Anoceto, agregó: "Este es un libro que es para mí el más personal que he escrito, tiene que ver con mi vida menos relacionada con la ficción, con mi forma de ser y enfrentar lo que me acontece. Surge también con el nacimiento de mi hija, y la narración sigue a un padre que escribe textos a la manera de cartas donde aborda diferentes temas importantes de la vida, pero desde la literatura clásica para niños, nociones de la libertad, la justicia, la religión, el acto de tomar decisiones. Recomienda una bibliografía, retoma personajes como Pinocho, Alicia, Peter Pan, y analiza el comportamiento de ellos para reflexionar junto con la niña. Invita a vivir la vida de una manera reflexiva y desde los pasajes clásicos de la literatura".
En El gran devorador, de la joven escritora Martha Acosta, no existen personajes de cartón, sino figuras que dialogan con la realidad, que sobreviven a conflictos familiares en mundos con entornos que absorben a los personajes transformándolos en criaturas desvalidas.
Sobre este volumen Idiel García expresó: "En un momento en que sentía que los libros de cuentos que se estaban publicando parecían procesados en un laboratorio, llega mis manos un libro de cuento que me convence y me atrae, cuya voz te aclara que estás ante un narrador nato. El gran devorador es un libro que agrupa siete cuentos de extensiones variables, pero todos se hacen cortos. Tiene una flexibilidad y fluidez de principio a fin, como si se tratara de una novela, con un ritmo que otorga sentido y unidad".
Martha Acosta, su creadora, evocó experiencias queridas: "Recuerdo que uno de los primeros libros que amé de niña fue una novela de Noel Castillo, del catálogo de Capiro. Me marcó profundamente y aún sé de memoria algunos párrafos. Así que es un honor publicar con ellos. Yo siempre trato de reinventarme en cada libro, y en este tuve la oportunidad hacer cosas que antes no había hecho, como por ejemplo un texto breve: ‘El terreno de la incertidumbre’".