Los días de feria tienen alma de niño, un público que, ya sea de la mano de la familia, maestros, o por ellos mismos, sale en busca de los libros que les alegran la vida y les abren nuevos horizontes de sueños.
La librería El cochero azul, ubicada en la ludoteca infantil de la ciudad de Guantánamo, se convierte entonces en espacio obligado de visita durante la fiesta de las letras.
Allí, Branyelina Serrano Vidal, estudiante de cuarto grado en la escuela Alfredo Miguel Aguayo, subió rápidamente las escaleras en busca de nuevos títulos apenas terminaron las presentaciones de libros, y una función del teatro Guiñol.
«Siempre vengo a la Feria, mi mamá me pone a leer y aprendo mucho», dice, mientras sostiene varios ejemplares, entre ellos Papatino y Mamá gorda, de Olga Martha Pérez, Sueño con Ángeles, y Meñique, en historieta.
Mavis Gómez Guerra también adquirió algunos de esos libros para sus hijos, de ocho y 15 años, en su afán de fomentar en ellos el hábito de la lectura, «sobre todo en la mayor, porque los adolescentes ya tienen otros gustos, en lo digital, y aunque no podemos ignorar el peso de la tecnología, hay que buscar el equilibrio y que no se pierda la lectura.
«Leer tiene un valor primordial porque fomenta la expresión oral de los niños, propicia que se expresen mejor, despierta la imaginación a la hora de redactar un texto, de entablar una conversación, y eso es fundamental, hay que aprovechar estos momentos, que se han garantizado en condiciones difíciles; no es igual que otros años, pero lo importante es que se está haciendo y no podemos dejar vencernos por las adversidades», refirió.
En el mismo recinto, rodeada por sus dos pequeñas sobrinas y la joven madre de estas, Dayami Rodríguez subrayó que ellas son su motivación de salir y ver qué hay de literatura infantil «para que dibujen, lean y vaya aumentando su amor por la lectura, su encargo familiar.
«He encontrado varios títulos, útiles, que le van a servir sobre todo a la más grande para la escuela, pero también me encantó encontrar un libro de José Raúl Fraguela, selección de poesía para adolescentes, y esta edición preciosa de Nersy Felipe, de Ediciones La luz, y que mis sobrinas puedan conocer la poesía para niños. Nos llevamos a Papatino y Mamá gorda, para que las niñas lean, y por supuesto, un clásico de José Martí que cada vez que lo veo no dejo de comprar: Meñique, dice sonriendo.
La vendedora de El cochero azul, Obesi Rodríguez Palacio, acota que todos los años la Feria es una fiesta, «la gente espera afuera desde antes de abrir, hay mucho público, muchos, procurando distintos libros para sus hijos; vivimos momentos difíciles y escasean los recursos, aunque se hace un gran esfuerzo para garantizar al menos que los estantes estén llenos y seguirán llegando en los días restantes, poco a poco».
Asegura que la venta ha sido buena, «todo el que entra se lleva algo, y los títulos más solicitados son Meñique, Papatino y Mamá gorda, Ají guaguao, La mambisita, estos ya agotados, además de afiches y materiales relacionados con los atributos y símbolos nacionales y las figuras geométricas».
De vuelta a Dayamis, esta remarca que, «en estos tiempos donde nos falta de todo, al menos que aparezca un libro para alegrar momentos de la vida y que haya literatura para niños, es muy importante».