Un acto de justicia artística

En la sala Lezama Lima transcurrieron las presentaciones de los volúmenes Rita Longa: forma, espacio, luz y 1900-1930. Del arte en Cuba. El dibujo, publicadas por los sellos Editorial Arte Cubano y Collage Ediciones del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Fondo Cubano de Bienes Culturales. El evento aconteció en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana y contó con la presencia de las panelistas Dr. Margarita Ruiz, curadora e historiadora del arte y Llilian Llanes Premio Nacional de Investigación Cultural.

La audiencia estuvo conformada por figuras como Tomás Lara, presidente del Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (CODEMA), Daneisy García Roque, presidenta del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, así como familiares de Rita Longa y otras personalidades del ámbito artístico.

La Dr Ruiz dialogó con el público acerca de la manera en que concibieron la estructura del volumen de Rita Longa, pintora perteneciente a la vanguardia artística cubana. La obra que fue revisada y aprobada por los sellos editoriales, contó también con el patrocinio de coleccionistas privados y empresas que apoyan proyectos artísticos. Además la experta resaltó la labor de los especialistas que conformaron el equipo de trabajo, entre ellos Lourdes Álvarez, José Villa, Iris Gorostola, Gretel Ruiz Calderón y la gran editora Silvana Garriga.

En el largo proceso de reunir toda la información acerca de la carrera de la artista que comprendió 70 años, el equipo tropezó con el inconveniente de no poseer suficiente documentación de sus primeros 20 años de trayectoria, confesó la historiadora acerca de la detallada revisión que tomó más de tres años.

«Luego de hallar toda la bibliografía pudimos reunir una serie de piezas que retrataban además el espléndido panorama de la vida cultural de un extendido periodo del siglo XX. Y aunque no es común entre artistas plásticos la existencia de memorias, Rita Longa sí escribió las suyas, y extractos de las mismas aparecen en una selección incluida en este volumen. Las confesiones sobre su propia obra nos acercan a los misterios de su creación», agregó.

El corpus del libro está conformado, entre otros elementos, por dos ensayos alegóricos a cargo de Emma Álvarez-Tabío, nieta de la artista, y de la Dr. Llilian Llanes, investigadora y promotora del arte cubano. Contiene igualmente una amplia variedad de testimonios de arquitectos, artistas y críticos de arte que participan de la extensa cronología de vida de Rita Longa.

La obra concluye con las palabras pronunciadas por la Dr. Graziella Pogolotti en la despedida de duelo de la artista: «Trabajar le daba sentido a su vida; crear tenía para ella un doble sentido, el de la creación artística en sí misma y también el de la creación para los demás».

Declaró la Dra: «Este volumen es el primero de muchos que podrán realizarse acerca de sus esculturas conmemorativas, ambientales religiosas y de salón, repartidas por todo el país que forman parte del imaginario popular, pues han logrado transformar paisajes del pueblos y ciudades. Los cubanos recuerdan a Rita Longa y sabe dónde viven sus esculturas».

La Dr. Llanes explicó, aludiendo a su ensayo, que trata de reconocer la Rita que desconocemos: «Es frecuente en crítica e historiografía del arte cubano el hábito de olvidarnos del pasado. Con el escrito pretendía darle valor en la obra de Rita a géneros opacados por otros exponentes de su trayectoria artística», explicó.

«Colocar en la portada su obra La piedad es un acto de justicia para recordar a Rita dentro de su dimensión como escultora», anotó.

Acerca de su propia obra reconoce la Dr. Llanes: «El dibujo es un subproducto de una investigación general sobre los primeros 30 años de la República, época muy maltratada por la historiografía cubana y donde, sin embargo, se gestaron tantas cosas que debemos rescatar en la cultura».

El valor del libro reside en que demuestra mediante hechos y elementos de la visualidad como la vanguardia en el arte cubano no empezó en la pintura, sino en el dibujo y en las revistas ilustradas. «Probé que la publicación El Fígaro fue transformando el ojo colectivo de la sociedad cubana», explicó.

El libro propone un recorrido visual en función al devenir de la época. El lector que se atreva a ojearlo puede experimentar directamente esa transición hacia la vanguardia.

Este espacio fue un lapso necesario para recordar y reinterpretar fenómenos importantes de la cultura nacional. Ruiz concluyó animando al público a preservar esa memoria histórica pues la obra de Rita nos pertenece a todos.

Share this post
Archivar
Identificarse to leave a comment
La audacia de beber cuarenta vasos de vodka