«Los cubanos estamos hechos de una fibra poco común en el mundo y esta Feria del Libro, organizada para menos tiempo que en años anteriores, fue una verdadera proeza», aseguró el escritor e historiador Enrique Giniebra Giniebra, uno de los autores a los cuales se dedicó la fiesta de las letras en el territorio más occidental.
«Se trata de una de esas batallas a las que nos hemos enfrentado y hemos superado en favor del crecimiento de la literatura y por continuar promoviendo la lectura», dijo en la biblioteca provincial Ramón González Coro.
Muchos fueron los momentos significativos en esta fiesta de las letras y Giniebra no pudo dejar de mencionar los espacios dedicados al Comandante en Jefe Fidel Castro, a propósito de su centenario, una figura indispensable en el fomento y desarrollo de la cultura en Cuba.
A propósito, un panel sobre el líder de la Revolución tuvo lugar en el Museo Provincial, mientras que el centro cultural Calle Real acogió la presentación de la plaquette Caballo que te vas, siempre regresas, de la editorial Cauce.
Los libros más vendidos este calendario fueron Y si muero mañana, de Luis Rogelio Nogueras; y El humor de Misha. La crisis del socialismo real en el chiste político, de Abel Prieto.
Escritores, editores, ilustradores, historiadores, promotores culturales se dieron cita en función del pueblo, de lectores de todas las edades.
Nuevamente la Feria permitió el acercamiento a la obra de jóvenes autores de Vueltabajo, como es el caso de Ramón F. Díaz, Adrián Rodríguez y Yanetsy Ariste, integrantes además de la Asociación Hermanos Saíz, que reúne a la vanguardia artística antillana.
Para Ariste, el arte es una fuente inagotable de placeres, conocimiento y entretenimiento; «qué bueno que se hizo la Feria, por el bien de la lectura», dijo.
Del 21 al 23 de agosto Pinar del Río vivió días diferentes, fieles a la máxima martiana de que Leer es Crecer.