Más de dos décadas de premios Carpentier y Guillén

Con la presencia de Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro y de numerosos escritores, entre los que descollaba Francisco López Sacha, uno de los autores a quien está dedicada esta edición del evento, la Sala Nicolás Guillén de la Fortaleza San Carlos de La Cabaña acogió la ceremonia de entrega de los premios Alejo Carpentier (en los géneros novela, cuenta y ensayo) y Nicolás Guillén de poesía, correspondientes a 2024.

El jurado de ensayo, integrado por los escritores Caridad Atencio, Víctor Fowler y Rafael de Águila, decidió conceder el premio a la obra «El cuerpo audiovisual de la nación cubana», de Juan Antonio García Borrero, por «resultar una propuesta documentada, novedosa y necesaria con adecuada contextualización del fenómeno audiovisual cubano, abordado desde el marco historiográfico de la cinematografía internacional, apropiado empleo de la intertextualidad y fundamentación teórica», según declara el acta de premiación.

El jurado de novela, integrado por los escritores Emmanuel Tornés Reyes, Lourdes González Herrero y Ernesto Pérez Castillo, decidió conferir el premio a la novela «Cielo raso», perteneciente a Lázaro Zamora Jo. El jurado sustentó la selección en el hecho de que «el texto alcanza una sostenida calidad en su lenguaje e historia, expresión esta última de conflictos concernientes no solo a la realidad cubana actual sino también universal, como son la emigración, el amor y el desamor».

En el género cuento, un jurado compuesto por Dazra Novak, Alberto Marrero y Emerio Medina, dictaminó otorgar mención a la obra «Las dos mitades del escriba», de Miguel Terry Valdespino, porque «se trata de una excelente colección de relatos que abordan la contemporaneidad con la mirada aguda de un narrador eficiente». Y, además, concedió el premio a una colección de cuentos que «resulta sui generis en el contexto de la narrativa cubana contemporánea, a partir del muy original entramado que emana desde lo estructural, lo temático y muy en especial desde lo linguístico-estilístico, todo ello tocado con un estilo personal e inusual donde lo barroco y lo posmoderno se entreveran y devienen fiesta idiomática»; este libro, escrito por Rafael de Águila, se titula «Reos de cuaresma».

El jurado del premio Nicolás Guillén de Poesía del que formaron parte Ricardo Riverón Rojas, Leandro Camargo y Jesús David Curbelo, concedió el galardón al poemario «Cartas de la plaga», de Roberto Méndez Martínez, «por la profundidad conceptual con que se aventura en temas complejos del mundo contemporáneo en la realidad nacional, su armonía en la composición y la diversidad de registros estilísticos que acusan una madurez expresiva particular».

Finalmente, Roberto Méndez pronunció un discurso de agradecimiento a nombre de los premiados. Aseguró que no había podido escribirlo no solo por la alegría sino porque no sabía si los demás galardonados suscribirían sus palabras. Agradeció a su Dios, a su esposa que le creó las condiciones durante la pandemia, a la editorial Letras Cubanas, al ICL y a las fundaciones Alejo Carpentier y Nicolás Guillén por no dejar de convocar el certamen a lo largo de los últimos 24 años (23 en el caso del de poesía, que comenzó un año después). Agradeció, asimismo, el trabajo de los jurados que, durante todo ese tiempo, han contribuido a cimentar el prestigio de que goza el premio dentro de la comunidad literaria nacional.

Méndez, premiado en la primera convocatoria de este mismo certamen, evocó algunos poetas fallecidos recientemente, como Sigfredo Ariel y Teresa Melo, ganadores de otras ediciones entre las primeras. Igualmente recordó a otros escritores que fueron jurados e interlocutores suyos y cuyos consejos le ayudaron a consolidarse en el oficio poético: Cesar López, Pablo Armando Fernández y Roberto Fernández Retamar. Antes de terminar, trajo a colación a José Lezama Lima, una presencia constante en su obra y también en las letras cubanas, y citó algunos fragmentos del poema «Rapsodia para el mulo», en el que este animal simboliza la perseverancia del artista ante la adversidad y su lucha, a la postre victoriosa por la trascendencia. Bajo el leimotiv del texto lezamiano «Paso es el paso del mulo en el abismo» concluyó la tarde de premios concedidos por el Instituto Cubano del Libro, las fundaciones Alejo Carpentier y Nicolás Guillén y la editorial Letras Cubanas.

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