Los libros desconocidos de un escritor

Una bien documentada conferencia tuvo lugar en la Sala Portuondo, de la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, como parte de las actividades de la 32 Feria Internacional del Libro de La Habana. Bajo el título: «Lecturas secretas: La biblioteca de José Eustasio Rivera, escritor de La vorágine», los especialistas colombianos Carmen Millán Benavides y Francisco Flórez Bolívar disertaron sobre el tema. Millán Benavides, además de poseer un doctorado en literatura, es investigadora, abogada y con estudios en economía y finanzas y en teorías de género. Por su parte, Flórez Bolívar, también investigador y académico, es historiador con grados de licenciatura, maestría y doctorado en la materia.

La biblioteca de José Eustasio Rivera, bastante poco conocida hasta ahora, tiene una significativa importancia. Además del valor propio de los volúmenes, muchos de ellos con anotaciones directas del creador, el hallazgo arroja luz sobre un tema en debate. Al decir de ambos especialistas, hasta el propio biógrafo del autor colombiano había señalado las dudas sobre el valor testimonial, los saberes geográficos y los hechos que maneja en su obra José Eustasio Rivera.

El escritor chileno Eduardo Neale Silva escribió biografías de escritores como César Vallejo, Vicente Huidobro y el propio Rivera, según se detalló en el dialogo de los ponentes. Se trata de la única biografía de Rivera y su última edición, tal recordó Millán, data de 1967. Pero Neale Silva afirmaba que José Eustasio Rivera no era un gran lector. De hecho, se hacía eco de diversos criterios que sostenían que el autor de La vorágine no había viajado a la selva profunda y solo repetía versiones y descripciones de otros.

La investigadora inició sus estudios bajo la égida de la congregación de los jesuitas, en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Su labor de pesquisa en este caso se movió en dos etapas: una en la ciudad de Bogotá y otra en Manizales, en Caldas. En medio de una mudanza, desde una sede de la congregación jesuita a otra nueva, al mover la biblioteca de teología y filosofía aparece un viejo baúl.


En dicho cofre había unos libros con la firma de José Eustasio Rivera, entre otras anotaciones, y la obvia presunción es que pertenecían al escritor. Justo entonces, al ahondar en los materiales encontrados, surge una gran cantidad de textos sobre los temas de la selva, de los problemas de la explotación del caucho y sus hechos más relevantes y, por supuesto, también libros de poesía, destacó Millán. Como detalle a subrayar, muchos de esos libros poseían marcas, inscripciones o gomígrafos que registraban su lugar de compra, en orillas de ríos, en paradas y diferentes estaciones en plena selva. Lo cual confirmaba la presencia del escritor en tales sitios y sus viajes, casi siempre en misiones diplomáticas.

Uno de los más singulares objetos, resaltó la experta, resulta un pequeño libro de poemas de Delmira Agustini. Vale destacar que Rivera era un poeta y un estupendo orador y declamador, el alma de las fiestas, rememoró Millán. En este ejemplar, con fecha de 1922, el escritor colombiano apunta que cree que falta un soneto de la autora en ese libro. Además de una nota de aviso, de puño y letra añade entonces el poema, titulado «Eros», en la última página del volumen.

El hallazgo permite entender el mundo de interconexiones intelectuales que habitaban en las ideas y la cultura de estos escritores, destacaron los conferencistas. Al decir de Millán y de Flórez, esa lectura comparativa inserta de lleno a La vorágine en la constelación de novelas que confieren a la selva el estatus de personaje, cuya desmesura y la complejidad de sus fenómenos sociales sigue todavía generando preguntas y obras literarias.

Esa biblioteca cambia por completo muchas de las percepciones que se tenían sobre Rivera, afirmó la ponente. La selva sí está indisolublemente unida a esas lecturas, resaltó. Hay una amplia paleta de filtros y puntos de conexión entre su literatura y las obras, notas informativas y artículos que conservaba como referencias. Todo eso, se torna en vital refuerzo documental, además de sus propias vivencias, de los hechos y temas que luego manejaría en su trabajo escritural, destacaron los conferencistas.

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