Laura Restrepo y las reinas de Saba

Fue después de caminar por las tierras de Yemen que Laura Restrepo concibió su libro. Dice una frase hecha de la literatura que ante el horror las personas enmudecen. Pero a los escritores les asquean las frases hechas y Restrepo construyó su primer cuento a los nueve años. Así que ante el fin del mundo que encontró en Yemen, la hambruna epidémica, el aislamiento, las miles de historias entreveradas en los átomos del aire de ese confín de África, Restrepo habló alto, con la frecuencia sonora de las letras. Y entre tantos géneros y posibilidades periodísticas decidió narrar esa historia, la que vio y sintió, como dos historias de amor.

Canción de antiguos amantes, la novela que la autora cedió a Cuba para su reedición bajo el sello editorial Arte y Literatura, dialoga con los lectores cubanos desde la remota distancia de otras latitudes a partir del discurso de los desplazados y de los migrantes. Cuando Restrepo apela por la sensibilidad del lector, no diseña un ruego lacrimógeno de humanidad. La colombiana habla de antropología, dice que el hombre fundó la civilización cuando se supo sedentario, y antes, cuando no existían las fronteras ni los países, caminó alrededor del mundo.

«No desestimes el orgullo de esta gente —me dice Zahra Bayda—. Cuando te echan en cara a la reina de Saba, indirectamente te están retando, a ti, que todo lo tienes, pero no eres nadie, mientras que ellas, que no tienen nada, llevan en las venas sangre de reyes. Soy descendiente de la reina de Saba, si te sueltan esa frase, no la tomes a la ligera, que no es solo folklor. En el fondo significa, hoy tengo que mendigar y me ves en la miseria, pero yo provengo de una dinastía milenaria y mi tradición va a perdurar cuando de la tuya solo queden cenizas», narra en Canción de antiguos amantes, mientras diluye gotas de sus propias vivencias en esa compleja pócima de ficción y denuncia social.

La prosa de Restrepo viaja a través de los continentes escindidos en forma de literatura nómada. «Canción de antiguos amantes surge a partir de viajes Yemen y a la frontera de Somalia y Etiopía. Y tú me preguntas qué historia va a salir de este viaje a Cuba. Yo te diré que no solo de este sino de muchas venidas a Cuba. La primera vine de pequeña, porque mi papá oyó que aquí había una revolución y dijo vamos a ver allá a los barbudos y nos tocó ver a los barbudos entrando a La Habana. Esa es una historia. La segunda vez llegué a la Isla exiliada después de que en Colombia se habían puesto muy bravas las cosas con la guerra, yo estaba en negociaciones de paz y aquí me ofrecieron asilo. Escribí un libro que se llama Historia de un entusiasmo. Me ayudaron mucho mis amigos cubanos, en ese tiempo no había Internet, no había computador, entonces el proceso era con una máquina toda vieja que teníamos. Hacía los borradores y ellos me ayudaban a pasarlos a limpio, así que tengo un gratísimo recuerdo de esa estadía y de la amabilidad y la generosidad de los cubanos. Lo que yo he visto en Cuba es una voluntad de vivir, no solamente de sobrevivir los cubanos, sino de ayudar a todos los pueblos».

 

¿Cómo es la construcción de esas voces femeninas que comunican la violencia de los escenarios en su narrativa?

«Mi novela gira en torno a un mito, el de la reina de Saba. Pero yo lo he interpretado como he querido. En el libro se llama Pata de cabra, porque ella no es un monarca de trono, cetro y corona sino que es una reina caminante. Va con las desplazadas, con las migrantes, a la cabeza de la caravana de mujeres; y ella representa a esas mujeres y a todas las mujeres latinoamericanas en nuestra lucha por un futuro mejor y más luminoso para nosotras, para nuestros hijos y toda la gente que nos rodea».

 

¿Qué literatos cubanos que admire o reconozca han influido en su literatura?

«En mi formación están presentes muchos, Lezama Lima, Cabrera Infante y desde luego Alejo Carpentier que siempre me fascinó. Para mí El siglo de las luces es una de las grandes novelas que se han escrito en el mundo. Y de autores contemporáneos poetas como Fernández Retamar, del que además tuve el privilegio de la amistad y otros enormes como Silvio Rodríguez que es no solamente un estupendo músico sino un prodigioso poeta».

Restrepo en su indetenible viaje vital ha recolectado los más disimiles pasajes de las realidades de las mujeres. «Empiezo haciendo reportajes que después voy convirtiendo en literatura. A veces salen publicados primero como piezas periodísticas y después, a medida que va pasando el tiempo empiezo a armar la ficción en torno a ellas». La narración de Restrepo es descarnada pero cuando habla, las palabras le salen puras, limpias de la corrupción de las penas y las injusticias.

 

¿Qué mañas han dejado el periodismo y su identidad colombiana en el imaginario de su literatura?

«Respecto al periodismo, creo que una cosa muy difícil de comprender es los motivos que tiene la gente para hacer las cosas. Pienso que detrás del motivo aparente siempre hay otro motivo escondido, más complicado. Y el periodismo para eso es muy útil porque le permite a uno no tener que imaginarse las cosas sino preguntar, indagar, conversar con las personas para poder desentrañar ese motivo detrás del motivo. Entonces, para eso el oficio es incomparable. Acerca de mi nacionalidad, creo que los colombianos tenemos por un lado una larga historia de violencia que permanece grabada, porque es algo que conocemos y vivimos desde niños pero paralelamente contamos con una larga historia de enamoramiento con la paz, la solidaridad la coexistencia, el apoyo recíproco. Eso ha marcado mi literatura».

Share this post
Archivar
Identificarse to leave a comment
Premios a la investigación histórica