La biblioteca no es un lugar silencioso

En el contexto del II Encuentro de Políticas Públicas a favor de la lectura, desarrollado en el Salón Profesional de la Feria Internacional del Libro de La Habana se retomaron los debates acerca de las políticas públicas regionales de lectura. Explicó Enrique Pérez Díaz, director del Observatorio Cubano del Libro y la Lectura, que este encuentro busca establecer los ejes de acción y cooperación para la promoción del libro; a la vez que realizar acercamientos académicos y estrategias completas para la construcción de planes editoriales y para bibliotecas públicas.

Entre los ponentes se encontraban Jeimy Esperanza Hernández Toscano, gerente de Lectura, Escritura y Bibliotecas del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) y Jeferson Assumção, coordinador del Plan Nacional de Lectura Brasil, además de concurrentes de otras regiones como Bolivia y Puerto Rico.

Hernández Toscano propuso la comprensión del acto de leer como algo más que la función de descifrar el código alfabético, como pilar para ejercer significativamente nuestra ciudadanía. No es un asunto menor que se remite solo al entretenimiento, aclaró. La biblioteca no es un depósito de libros ni un lugar para estar callado. Es un proyecto político pedagógico en progreso permanente; laboratorio de construcción colectiva y un espacio de encuentro para progresar como sociedad.

Aunque nuestra región ha avanzado en el reconocimiento del valor social de la lectura todavía resulta necesaria la implementación de políticas. Hernández Toscano remitió a la noticia tan difundida en Colombia de que el secretario de cultura de Medellín fue destituido luego de admitir su desconocimiento de qué es una biblioteca. Contrastó este hecho con la idea de que la lectura es un asunto transversal para el desarrollo en un país.

«En este momento estamos experimentando una pérdida de aprendizaje agudizada por la época pandémica y es algo preocupante. Un individuo que no sabe leer ni escribir cuenta con menos posibilidades de alcanzar una vida digna y autónoma. La lectura es un instrumento para asegurar la libre circulación y apropiación social del conocimiento», intervino Hernández Toscano.

Ante estas circunstancias, surgió Redplanes: un organismo de la Unesco que congrega a funcionarios de los ministerios de cultura y educación de la región iberoamericana. La asociación mantiene una dinámica permanente de trabajo para la orientación técnica acerca de cómo crear políticas públicas de lectura. Además, abogan por la descentralización de las mismas, que deberían agrupar la vitalidad cultural de cada territorio de las naciones, agregó.

Assumção comentó acerca de la experiencia particular de Brasil en la construcción de planes de lectura. Este proyecto es un esfuerzo de vinculación a gran escala entre el gobierno y la sociedad.

«Para nosotros en Brasil fue necesario desarrollar una idea que es la dimensión cultural de la lectura, puesto que desde el siglo XX se enfocó solo como un medio instrumental y funcional. Aspiramos a desarrollar más la perspectiva escrita en el país pues comparada con la oralidad y otras formas artísticas aún es pobre», contextualizó el brasileño.

«¿Cómo podría yo construir mi visión del mundo junto al otro?», cuestiona Assumção ante la encrucijada de lectura solitaria o lectura solidaria. «El libro es el sitio de los largos encadenamientos lógicos y estéticos y eso hoy está en riesgo», admitió.

«No habría sentido alguno en hacer una política en Brasil que no permita evidenciar la megadiversidad de miradas que coexisten en el país», concluyó Assumção.

Ante esta afirmación, el foco del debate se trasladó a un punto abordado por Hernández Toscano con anterioridad. Es crucial plantearse en qué contexto social se tratan las políticas públicas de lectura. En definitiva no hay una receta.

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Entre libros y promesas de redención