Historias contadas al compás de la música brasileña

Este domingo 25 de febrero, cuando muchos asistían a las sedes habaneras de la 32 Feria Internacional del Libro (FILH 2024) en busca de ejemplares para aumentar sus bibliotecas personales, otros pocos decidimos despedir esta fiesta de la literatura al ritmo de auténticas melodías brasileñas.

Justamente en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, la Orquesta Sinfónica ofreció el concierto de clausura de FILH 2024, bajo la dirección del Maestro brasileño Cláudio Ribeiro, quien agradeció la invitación especial y reconoció la excelencia de los músicos cubanos que lograron «tocar a la brasileña», en pocos ensayos.

Ribeiro, fundador del Instituto Música, organización no gubernamental para la promoción de la paz a través del arte, presentó una por una las piezas, antes de ser interpretadas y contó a los presentes las historias que inspiraron a cada uno de los compositores.

Así conocimos cómo Heitor Villa-Lobos logró, en su Choros No. 7, esa mezcla de primitivismo indígena con las polcas y valses de los salones de baile urbanos, para dejarnos distinguir a ratos los sonidos de las aves en los árboles, mientras suena una samba de fondo. Luego de sumergirnos en la excelente interpretación de los siete instrumentistas que salieron a escena comprendimos esa «manera misteriosa» reflejada en el programa de manos del concierto, al explicar que «el Choros No. 7 no es más que una secuencia inconexa de segmentos musicales los que, de alguna manera misteriosa logran crear una sensación de unidad».

La segunda pieza que se escuchó fue Rapsodia Baiana, del compositor Cardoso Lindembergue, quien también hace una mezcla, pero esta vez de pasajes musicales donde incluye un homenaje a la música popular brasileña, especialmente a Dorival Caymmi, apropiándose de su «A Lenda do Abaeté».

Al presentar la tercera obra, el Maestro Ribeiro comentó que su autor, Claudio Santoro recreó en esta pieza una danza que es la principal atracción coreográfica del Carnaval de Recife. Para poder bailarla hay que tener fuerza física y capacidades de contorsionista porque es muy rápida y difícil. También rápidos y difíciles fueron los movimientos de los instrumentistas de la Orquesta Sinfónica, con los que lograron trasladarnos hasta Recife, en medio del frenesí que se vivía en Brasil, en la primera década del siglo XX y que inspiró a Santoro a componer Frevo.


 

Después del intermedio el Maestro Ribeiro compartió otras historias sobre los compositores brasileños Gilberto Mendes y César Guerra-Peixe, de este último la Orquesta Sinfónica interpretó Museu da Inconfidéncia, inspirada en una visita que hiciera el compositor, al museo de Ouro Preto, en Minas Gerais, donde conoció detalles sobre uno de los primeros movimientos independentistas de Brasil, surgido en esa localidad a finales del siglo XVIII.

Luego de desear un excelente domingo a todos los presentes con la familiaridad de un amigo cercano, el Maestro Cláudio Ribeiro dirigió una vez más a la Orquesta para regalarnos Libertad y el Dragón del mar. La violinista y pianista Sandra Mohr la compuso especialmente para este concierto de clausura de la 32 Feria Internacional del Libro de La Habana.

Acompañados por los sonidos de la sinfónica conocimos la historia de Francisco José do Nascimento (1839-1914), práctico marino y abolicionista quien llamó a su barco Libertad y fue inmortalizado como el «Dragón del mar», por su lucha contra la esclavitud, en el estado de Ceará.

De esta manera, entre relatos y obras sinfónicas se despidió la música brasileña en el Teatro Nacional, hasta una próxima ocasión. Ojalá sean muchas más y puedan ser escuchadas también en otras salas del país, donde de seguro se agradecerá que la fiesta de la literatura FILH 2024, llegue acompañada de los auténticos sonidos del gigante sudamericano.

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Clausura de la 32 Feria Internacional del Libro de La Habana