El presente del novelista chileno Alejandro Terraza

El futuro va quedando atrás es una de las novelas latinoamericanas contemporáneas que aborda los periodos de dictadura en la región (Chile); y no lo hace destacando la figura del dictador, ni recurre a datos históricos, recurre a la memoria de lo colectivo de la nación, a aquellos «desconocidos» que simbolizan y asumen también ese poder y violencia dictatorial.

Tag: Chile, dictadura, novela, latinoamérica

 

Agradezco la invitación de la editorial Arte y Literatura, especialmente a Gertrudis Ortiz, la querida Tula, que me pensó para esta presentación. Fue raro, había visto en las redes sociales la promoción de la novela que me llamó la atención por el lugar donde reside el autor: Antofagasta, territorio al norte de Chile donde estuve en 2017, la tierra de uno de los narradores latinoamericanos que prefiero: Hernán Rivera Letelier. Le escribí al autor, y comenzamos a escribirnos sin saber que me iban a pedir presentar su novela. Luego Tula me llamó. ¿Suerte? ¿Azar concurrente? No lo sé, señales y bendiciones.

No conocía la literatura de Alejandro Terraza. Pero su nombre me resultaba familiar y lo encontré en los archivos del dosier de autores invitados a la 32 Feria Internacional del Libro de La Habana. No voy a compartir toda la ficha que allí aparece, pero sí quiero destacar que este escritor e ingeniero chileno nació en 1974 (un año después de iniciar la dictadura de Pinochet) y trabajó más de dos décadas en la industria minera del cobre. En Alejandro la lectura, y la necesidad de la escritura, viven desde las primeras edades. Uno sabe bien que cuando hay alma de narrador en una persona no importan los oficios que desempeñe, al final termina narrando, como es el caso de Alejandro, que primero narró y luego, después de la minería cuprífera desempolvó aquellos manuscritos y al año siguiente de dejar la minería, en 2016, publicó ¡Buen Viaje!, su primera obra, con buena recepción. Después aparecieron otros libros. Pero me detengo en el primero, que es el que nos ocupa hoy, porque estoy seguro que después de leer este seguirán buscando su obra.

El futuro va quedando atrás, es su primera novela, ¡Buen viaje! El autor cambió el título en la edición para España y Argentina en 2022, y lo mantiene en la edición cubana. Obviamente, cuando leemos uno y otro título nos llenamos de diferentes sentidos e interpretaciones. Del supuesto deseo del primero, del supuesto buen augurio, pasamos en el segundo a un espacio rotundo de desesperanza y desasosiego.

Cuando leo El futuro va quedando atrás, en una novela de un autor latinoamericano, pienso al momento en una narración de denuncia y crítica social. Y así es esta pieza breve de menos de cien páginas, que me hace recordar las novelas breves de otro Alejandro chileno, Alejandro Zambra. Esta de Terraza, dividida en capítulos breves, impone un ritmo trepidante de lectura. Sobre todo, porque la presentación de personajes y situaciones van conduciendo todo el tiempo a transiciones en la historia de los personajes. Son capítulos breves como escenas de un filme.

El futuro va quedando atrás es una de las novelas latinoamericanas contemporáneas que aborda los periodos de dictadura en la región; y no lo hace destacando la figura del dictador, ni recurre a datos históricos, recurre a la memoria de lo colectivo de la nación, a aquellos «desconocidos» que simbolizan y asumen también ese poder y violencia dictatorial. En el caso de Chile, una de las dictaduras latinoamericanas más reconocidas, no fue solo Pinochet el que llevó las jornadas sangrientas y las desapariciones. En las dictaduras hay varios personajes y sujetos que ejercen violencia y el poder sin importar el costo.  

Esta novela de Alejandro Terraza me remite a las obras literarias sobre dictaduras latinoamericanas en el siglo XX y más específicamente, la novela de Chile, ahí encontramos un panorama que ha mostrado diferentes ángulos en sus diversos periodos. Autores como Isabel Allende, Roberto Bolaño, Pedro Lemebel, Marcela Serrano y Alejandro Zambra, por solo citar algunos. Esta novela de Alejandro Terraza se inserta también en este corpus. Me atrevería a afirmar sin consultarle que algunas de estas las ha leído con pasión.

Ese buen viaje en la burrita, en el Ford de 1930, presenta tres personajes, tres generaciones: Aurelio, presente; José, pasado; y Ulises, futuro. El hijo Ulises, representa a esa generación más reciente que a los que les desaparecieron a sus padres en dictadura y a la que le corresponde asumir la pérdida familiar para continuar la vida en todas sus variantes; el viejo José que perdió al hijo, y que vive de la nostalgia y la memoria, del rencor y la venganza, sin perdón ante quienes le arrebataron lo más preciado; y Aurelio, el padre que defiende al hijo abandonado por su madre y lucha por construir una cotidianidad diferente.

La novela se narra en un viaje aparentemente insignificante, un viaje que desde el inicio será abandono. Un viaje que será también de transición de la vida a la muerte, a la vida. En el primer tercio de la novela el autor presenta la pérdida de la infancia ante el contexto que impone la dictadura, pero también es una parte en la que aprovecha el humor, la reflexión para presentar la relación filial y los desafíos de las edades escolares, el primer beso, la primera vez en el sexo. Aquí la infancia compartida entre la historia del hijo, el presente; y el recuerdo del viejo José, el pasado. Los momentos de recuento de lo que vale la infancia en un hombre y la belleza de recursos que usa el autor para esta parte son de los más inolvidables del texto, la infancia a pesar de la crueldad, llega a ser ese paraíso soñado en un mundo brutal, muy ancho y nada ajeno. El viaje, el clima, los sueños, son tres elementos en los que se apoya Alejandro para crear una atmósfera de tensión desde que salen de Calama y recorren esa carretera. ¿Qué carretera nos corresponde a cada uno de nosotros, cuál es el clima de nuestro viaje?

No voy a contar lo que relata la novela porque ese no es mi trabajo, solo quiero detenerme en el último tercio del texto donde la cierta calma, la tensión que hubo con la fallida amenaza de muerte, regresa. Destaco los puntos de giro en la novela y el clímax, muy logrados. Nos recuerda la novela, cómo muchas veces, en la vida misma, esa vida tan real supera mucho más a la ficción y trae acontecimientos hasta risibles que trastocan nuestras vidas sin esperarlo, y las personas que a veces más nos aman, pueden traernos las peores complicaciones.

Cuando parecía que los personajes tenían derecho a la felicidad, a la familia, vuelve el fantasma del represor y la dictadura. Y aquí el lector tiene una rica caracterización y perfil psicológico del represor, de su infancia, ¡tan diferentes las infancias! ¿Qué pudo llevar a Macario a convertirse en un militar sangriento, hasta poder ser uno de aquellos «pequeños líderes» de represiones de una dictadura? 

Estas son algunas provocaciones. Tendrán que leer, para entender bien a lo que me refiero con mis apuntes. Les advierto que esos últimos capítulos son intensos e imborrables. Yo que estuve en la prisión de Chacabuco, en Chile, donde Terraza sitúa al personaje Aurelio, regresé allí con la lectura, miré aquellas paredes, y sentí aquellos olores. Sentí detrás de mí los perros. Los oí ladrar y morder.

Me quedé pensando en esos viajes padre/hijo, en la necesidad que tienen los padres de proteger a los hijos, pensé en los hijos que se quedan solos.

Escrita con un lenguaje claro, sin mucho rebuscamiento, pero sí belleza. El autor se apropia de la tradición de la oralidad latinoamericana, pues los personajes cuentan historias dentro de la novela, Terraza nos presenta un futuro que va quedando atrás, pero también un presente que se construye en la identidad de las nuevas generaciones. Esta es una novela sobre parte de lo que deja la dictadura en la memoria colectiva de una nación. Nótese que aquí es incluso, un lugar alejado de la capital.  

No puedo dejar de mencionar el trabajo de la editora Mónica María Cuéllar. Al terminar la novela nos presenta claves para la lectura y para pensar en la relación autor / texto en «Alejandro Terraza: contar dos veces el futuro». La editora incorpora en una nota periodística apuntes para lectores curiosos que después de una historia como esta quieran saber en qué se apoyó el autor para construir espacios y personajes, hasta qué punto su propia vida puso ser materia prima para su narración. Inserta datos y respuestas de una conversación/entrevista que sostuvo con el autor. Eso hacen los buenos editores, construyen lo mejor posible un libro y piensan en los lectores.

Solo voy a destacar una respuesta que aparece allí, afirma Terraza: «La época dictatorial, materializada en Macario del Carmen, le roba el futuro a Ulises. Y había perdido a su madre, de modo que ese futuro de niño protegido por sus padres, le es arrebatado. Su propio futuro lo empieza a dejar atrás. Entonces, es debido a Ulises y a cientos de niños chilenos el título de El futuro va quedando atrás. Aún hay niños (ahora hombres), que buscan a sus padres desaparecidos, con una lágrima y una fotografía ajada». 

Gracias a la editorial Arte y Literatura por este título, y a su autor por estar en esta Feria Internacional del Libro de La Habana. No se pierdan este libro. Lo recomiendo.

 

Share this post
Archivar
Identificarse to leave a comment
Virtuosismo y sustancia en la poesía de La Peregrina