Alejandro Hartman, un hombre de historia guantanamera
6 septiembre, 2026 por
Dianelis Díaz Bueno (ACN)
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   Alejandro Hartman Matos es de la estirpe de quienes persiguen la historia por los caminos para que no se pierda, de los que cargan un museo a cuestas y lo siembran en las comunidades donde el asfalto no llega.

   Con esa misma convicción, este escritor e historiador baracoense —a quien está dedicada la 34 Feria Internacional del Libro FILHCUBA 2026, en Guantánamo— intercambió directamente con el público en el espacio Encuentro con el Autor, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, para desandar 56 años de oficio y memoria.

   Nacido en Baracoa, en 1946, Hartman creció entre el trajín de la máquina de coser de su madre y los papeles de aduana de su padre: «Mi madre en mi primera infancia me enseñó la pasión por la lectura, y mi primer libro tenía que ver con la Revolución francesa, y eso me creó un hábito de lectura», confesó.

   Historiador de la Ciudad Primada y director de la Oficina del Conservador en la actualidad, la vida lo llevó temprano al magisterio, en una época en que el sistema educacional cubano funcionaba con escasos profesionales graduados; dio clases a soldados que apenas dominaban el tercer o cuarto grados y dirigió la primera escuela de estudio y trabajo de la provincia, siendo casi un adolescente.

   Pero Baracoa lo llamaba con una fuerza que él describe: «era una alineación espiritual, era más fuerte Baracoa que yo mismo», y allí regresó para 1977, con los conocimientos de redacción de artículos, y la vocación para la investigación, aprendidas de un profesor holguinero.

   En 1980 fue nombrado director del Museo Matachín, que levantó prácticamente con sus propias manos junto a cuatro niñas voluntarias, creó un museo móvil que llevaba la historia a comunidades apartadas y fundó un movimiento de guardianes —familias rurales que protegen sitios arqueológicos—, en lo que consideró una experiencia inolvidable.

   Su obra escrita abarca unos 17 títulos que indagan en investigaciones pioneras relacionadas con la presencia indocubana, en los muchos hallazgos, en el desarrollo de un proyecto de ADN que, en estrecha colaboración con la directora del instituto genético de Cuba, e instituciones españolas, confirma a Guantánamo como capital de la herencia aborigen.

   Su labor investigativa y en la preservación del patrimonio ha recibido muchos reconocimientos, entre los que destacan la Orden por la Cultura Cubana en 1995, el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y dos condecoraciones españolas, una de ellas otorgada por el rey de España, y ahora el Cemí, símbolo de la ciudad.

   A sus 80 años, Hartman no piensa en retirarse, «me he dedicado a la investigación, llenar vacíos en la historia oriental», afirmó al tiempo que anunció que vendrían nuevas cosas.

   Para la corriente edición de la feria presenta obras asociadas a la herencia indígena cubana, y sobre la identidad de Baracoa, mientras continúa su andar por los caminos de la historia y la investigación.

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